miércoles, 14 de septiembre de 2005

Cris(t)álida*


¿Cómo hacer que este valle de huecos
no suba más por mí?



(Temblando de carreras)




Todo gigante muere cansado de devorar a los de abajo.



*El tiempo del nacimiento siempre es crítico.

Y heme aquí pendiendo de delgados hilos que parecen siempre a punto de ceder pero no. Paciente espero el momento preciso en el que esté preparada para quebrar esta piel y asomarme para mostrarles mi nueva y hermosísima forma.

sábado, 10 de septiembre de 2005

"La palabra es fuente de malentendidos"*



"La palabra es fuente de malentendidos" dijo el zorro.

Por eso cuando uno siente ke los demás lo malentienden lo mejor es conseguirse un escuchador profesional, al ke uno pueda decirle todas esas palabras ke los demás seguro van a malentender. Alguien ke pueda ser objetivo con nuestros pensamientos y miserias. Alguien ke pueda escucharnos putear y despotricar en contra de uno mismo y no se sienta preocupado o en parte responsable. Alguien ke pueda escucharnos sin reservas y sin tener ke protegerse a sí mismo. Alguien en kien depositar nuestras frustraciones y se mantenga al margen de nuestros problemas. Alguien ke pueda entendernos sin domesticación de por medio: sin tener ke crear lazos y/o expectativas falsas o ciertas.
El objetivo sería minimizar la fuente de malentendidos lo máximo posible.
Minimizar lo máximo.
Y ke no se malentienda.


*Gracias Boni por ese hermosísimo post ke me tuvo dándole a la makimola toda la mañana...

viernes, 9 de septiembre de 2005

Carpe diem

Vayan y háganse EL DÍA

miércoles, 7 de septiembre de 2005

Discutían

discutían acerca de la frustración de encontrarse el uno al otro, y acerca de quién podía explayarse sobre este punto con mayor convicción. *tiene un modo de no ver las cosas* era una de las cosas que solía decirse. otra era *alguien tiene que ser fuerte en esta situación*.
discutían acerca de a quién le resultaría más fácil dejar al otro.
(...)
discutían porque había una sensación de sinsentido que ninguno de ellos dos podía cambiar o evitar.
discutían acerca del curioso y en ocasiones cruel (al menos así parecía) carácter del destino.
(...)
discutían acerca de si mantenían o no cierta simetría o si alguno de ellos dos se llevaba siempre (irritantemente) la mejor parte del asunto.
discutían acerca de cuál de los dos era el que se la llevaba.
no discutían acerca del hecho de que los dos eran, per se, personas muy pacientes, atentas y hasta generosas y alegres.
(...)
discutían acerca de quién aportaba más a la relación, y quién estaba patológicamente incapacitado para hacerlo.
(...)
discutían porque ella se había sentido *manipulada* (aunque ella concedía que esa no era la palabra exacta), pero *manipulada*, al fin y al cabo(...) más tarde cambió la palabra por *despellejada* y esa sí que era la palabra exacta.
discutían acerca de lo *diplomático* que él se había mostrado durante el episodio de la llamada telefónica.
(...)
discutían porque ella dijo que entonces su amor era sólo parte de una enfermedad.
(...)
discutían acerca de si llegaría el momento en que se cansarían el uno del otro o si, por lo contrario, se sentirían cada vez más felices estando juntos.
discutían acerca de si él o ella se casarían con ella o él de no estar ya casado con otra persona.
(...)
discutían acerca de si la intensidad que sentían era sólo afecto y si él no era quizás un farsante y un *muy mal tipo*.
(...)
discutían porque ella afirmaba que la gente que creía estar comprometida y entregarse por completo probablemente nunca lo estaba, y sólo inventaba ese concepto para torturar a segundos y a terceros. él creía en el compromiso y la entrega; creía que eran algo real.
(...)
discutían una y otra vez sobre el amor. y otra vez. y otra vez.

la primavera acababa de llegar. no duró mucho más que eso.


Discutían, Richard Ford
Traducción: Rodrigo Fresán
Extraído hoy de fille putain
(Gracias Chechus)

sábado, 3 de septiembre de 2005

Los mares


Adentro mío confluyen dos mares. De más está decir ke es un desastre, porke cuando alguno de ellos está agitado el otro no puede sino responder al estímulo y agitarse también. Y sus aguas me inundan. Y es en esos momentos, cuando no puedo pensar, y lo único ke creo ke tengo ke hacer es salirme del cuerpo. Y no puedo lograrlo. Me es imposible. Y mi alma lucha por mantenerse a flote y lo hace, pelea con las olas furiosas aferrándose a lo primero ke encuentra a sabiendas ke lo va a lograr como tantas otras veces y aunke esta vez tampoco kiera lograrlo.
Y de golpe siempre sucede algo. Algo externo a mí y a mis mares ke no tiene nada ke ver con esta tormenta y la tormenta pasa. Y los mares se calman, ambos al mismo tiempo. Y las aguas bajan. Las siento bajar en los bordes de las pestañas. Y en mi nariz y - al fin - puedo dejar entrar en mí un poco de aire. Y lo lleno de ella hasta donde puedo, lo más ke puedo. Y una vez ke el agua se encuentra en su nivel normal (el cual podría decirse situado a la altura del ombligo, mas o menos) mi alma se siente apacible. Y se sacude las gotas como cuando no keremos mojar mucho la toalla y nos sacudimos la piel. Y se estruje el pelo, lo retuerce para dejar caer el sobrante. Y se incorpora y camina, descalza. Aunke sepa ke detesto andar descalza.
He sobrevivido a miles de estas inundaciones. Hubo temporadas en ke he tenido ke soportar dos o tres diarias, y así y todo aún no puedo acostumbrarme a ellas. No logro sentirme cómoda con mis mares. Y me doy cuenta ke no me va kedando tiempo y resto para aprender a hacerlo. Hasta muchas veces me he obligado a mí misma a hacer simulacros de inundaciones, pero no es lo mismo: el saber ke es un simulacro atenúa demasiado la descarga de adrenalina y se pierde el sentido de la simulación en sí. No es lo mismo.
A veces me pregunto cuándo llegará el día en ke mis mares se apacigüen. Les aseguro ke no veo el momento.

viernes, 2 de septiembre de 2005

Las causas



Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas para
que nuestras manos se encontraran.


Jorge Luis Borges

jueves, 1 de septiembre de 2005

OUCH! 1º de septiembre!?


Seeeeppppptieeembreeee!
En menos ke canta un gallo nos encontraremos buscando las cajas con las cosas del arbolito, ke lo parió.
Y eso no es nada. Ya hay ke empezar a buscar las mallas.
Y eso no es nada: hay ke probárselas y afrontar el hecho de ke los años pasan y ya se nos está notando la marca de la silla ke usamos en la PC debajo de la espalda.
Y entonces? Ké hacemos????
Nos inscribimos en un gimnasio? Para ké si la vida no pasa por el cuerpo.
Bueno, largamos los postres. Menos, largar los postres nos llevaría a vicios peores como el alprazolam o la nicotina.
Y entonces??? Ké hacemos? Armamos el arbolito, nos chupamos, buscamos la bandera de la cábala y esperamos ke empiece el mundial. Mundiaaaal la copa de-por-tiiiiva sin igual...!

(Ya pasa, ya pasa)